Efemérides

1 de febrero: Nace Norman Rockwell (1926)

viernes, 7 de diciembre de 2012

Tremolinadas

Amigos todos,

El momento que llevais tooooodo el año esperando está a la vuelta de la esquina. Llegan las Navifiestas y, con ellas, las fechas clásicas para recibir en vuestros buzones y apartados de correos la tremolinez de turno* que os hará ricos al venderla dentro de 60 años.

Así que amigos, si no quereis dejar pasar esta oportunidad, haced llegar vuestras direcciones postales preferentes al mail


o por mensaje privado a la página de facebook de La Tremolina:

o por mensaje privado a su perfil de facebook, que también puede ser. No me dirán que no les doy opciones.

Así que venga, agarren sus teclados y al ataque. No se me hagan los remolones, que ya me he puesto las gafas de ver.




* hasta agotar existencias

domingo, 25 de noviembre de 2012

Políticamente correcto

Me he despertado esta mañana con una tonadilla que alguna vez le oí a mi madre cuando era pequeña y que dice algo así como:

Me casé con un enano, salerito, pa jartarme de reir
ole ahí, pa jartarme de reir.
Le puse la cama en alto,
le puse la cama en al-to-o-ó,
le puse la cama en alto, salerito, y no podía subir.

No se me confundan: no es que suenen las 09:15 en el despertador y una se incorpore ipsofactamente de la cama y se arranque por sevillanas como poseída por María del Monte, no. La cadencia es más bien como sigue:
riiinnnnggg... riiinnnggg... riiinnnggg... hmmmquéee???... riiiingggg... ñññhhmmmmsueññoooo... riiiinnnnggg... quéhora...mmmmecaseconunenano... riiinggg... hmmmpajartahmedereí... hmmmsueñooo...

Al abandonar el lecho va una a prepararse un café, a lavarse la jeta, a ver qué temperatura dice Lagartija que tenemos hoy, y entonces ya hacia el momento de hacer la cama es cuando se manifiesta e identifica en toda su plenitud el tema musical que ha decidido acompañarnos esa mañana.

Bueno, que me enrollo: que estaba yo haciendo la cama y entonces me ha dado por pensar si ahora se aplicará garrote vil a quien le dé por cantar eso en público. Nunca se sabe, en la época de lo políticamente correcto, de la sublimación de las susceptibilidades.

Pues qué quieren que les diga: me cago en lo políticamente correcto. La politicocorreción me parece una mierda, y no me parece mal haber adoptado a Bruce Lee y hasta al McDonalds de los USA, pero me parece que hemos sido unos gilipollas admitiendo la tontería esta en el lote.

Qué quieren que les diga. Me parece que la exaltación de lo políticamente correcto crea sociedades enclenques y sobre todo muy, muy aburridas y ñoñas. Y mediocres, por consiguiente. Y grises. Y personas débiles, muy débiles, colmaditas de complejos e inseguridades que les prohíben centrarse en lo verdaderamente importante de sus vidas.

Qué quieren que les diga. Quizá yo ahora no sería la misma si en el colegio no me hubieran llamado "jirafa", "marmota" o tantos otros ejemplos de la flora y fauna, imagino. Y tampoco lo recuerdo como un gran trauma, la verdad: imagino que la crueldad infantil es una parte más del aprendizaje, necesaria para aprender a lidiar con la crueldad adulta. Obviamente, recuerdo que no me hacía putagracia que me llamaran así, pero si abro la fiambrera de los recuerdos escolares, no es éste precisamente el primero que se me pasea por la memoria. Quizá porque a la tercera marmota has aprendido, o te han enseñado, a hacerle una buena gaonera.

Así que paso. Reivindico mi derecho a referirme a alguien como "el chino" desde el más profundo afecto. Y al cojo, y al guiri, y al calvo. Que hagan lo propio conmigo: me parece bien. Los efectos que sobre mí tenga lo que me llamen, al fin y al cabo, se los pongo yo. Y cuanta más gaonera, más arte.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cómo unir en una misma crónica a Nestlé, el ministro Soria y los albanokosovares

Hallábame en un tranvía de aire retro esta mañana descendiendo la hermosa Kohlenberg cuando, a la altura de la central plaza de Barfüsser, me ha saltado a la retina una cosa negra garabateada con aerosol del gordo sobre la fachada del McDonald's. "Kosovo ist Serbia. Gotovina Kriegsverbrecher*", rezaba el aullido, que ocupaba (ocupa) toda la fachada.

Mi mitad suiza ha sentido unos segundos de repulsa, los justos hasta que mi mitad española le ha saltado por encima sugiriendo cierto alboroto entusiasta, así como de nene de cinco años de edad, ante la idea de que esta ciudad libre de graffittis caseros (al menos en su centro histórico) se viera de repente bautizada en plena puerta del sol por tan tremebunda caligrafía.

Mientras mi Helvetia y mi Hispania particulares andaban a la gresca, yo me he puesto a pensar en mis cosas. En lo representativa que es esa pintada en una ciudad como esta. Una ciudad que tiene vuelos directos a Pristina de diferentes compañías (entre ellas, Easyjet), y todo un barrio lleno de negocios y locales albanokosovares. ¿De dónde se habrá escapao el serbio ese?

El caso es que últimamente estoy descubriendo el lado más salvaje de la vida suiza. Pa que luego digan que todo es paz y aburrimiento. El sábado pasado sin ir más lejos, en un bar, pedí un Nestea. La camarera apareció con una suerte de "san francisco" estilo año 67, de rosado aspecto.
-Disculpe, yo había pedido un Nestea.
-Ya, pero Nestea es de Nestlé, y Nestlé es el mal. Así que le he traído esto, que es casero y es bueno. ¿No le gusta?
El San Francisco sabía a rayos, pero la situación me pareció tan surrealista que decidí quedarmelo y poder contarselo a mis nietos con total integridad.

Pero eso sí, una cosa les digo, y en esto gana mi mitad suiza por goleada: prefiero el ir de frente que tiene esta gente, que no las tomaduras de pelo que se gastan ustedes. Su ministro de Turismo me pone ahora en la tele un anuncio cuyo eslogan es "Descubre tu país y siéntete como en casa", y según las imágenes, una de las cosas que me invita a descubrir es el Peñón de Vélez de la Gomera, que es un enclave militar no visitable, unido a la costa marroquí por un brazo de tierra. Amigo Soria: al menos a los lugares lejanos donde sólo encuentro mosquitos me dejan llegar.


*Kriegsverbrecher: criminal de guerra

viernes, 17 de agosto de 2012

Cómo ser idiota y a mucha honra

Les voy a confesar una cosa:
Cuando yo viví en Berlín allá por los años 2003 - 2004, me agarré una cistitis que desembocó en infección de riñón.

Antes de que eso sucediera, yo lo único que sabía es que el estado alemán me obligaba a ir a una "caja de salud" (que en alemán, en realidad, se llaman "cajas de enfermedad") de mi elección e inscribirme en ella, de forma prácticamente gratuita, a fin de legalizarme en su territorio nacional y en su sistema de la seguridad social. Estas "cajas de salud", cómo les diría yo... Ahora sé que son entidades semiprivadas que gestionan el sistema de salud público. Como si a Sanitas no le pagara usté, sino su gobierno. Pero entonces, yo lo único que sabía es que, cuando uno está malo, va al ambulatorio que le corresponda y allí se deja morir, porque los médicos se ocupan de él.

Así que cuando yo empecé a mear sangre (con perdón) por vez primera en mi historia, cogí el metro como pude en el barrio de Wilmersdorf en el que residía, crucé todo Berlín para llegar a la sección de mi "caja de salud con atención a extranjeros" segun la dirección que ellos mismos me habían facilitado, y me metí en el edificio en cuestión. Cogí número. Y cuando por fin me llegó el turno 20 minutos y 18 visitas al baño después, me senté en uno de los cubículos de ese curioso ambulatorio que en nada se diferenciaba de unas oficinas de multinacional y le conté con todo lujo de detalles al caballero de corbata que se sentaba enfrente tras una mesa que me meaba viva sin remedio.  

Él escuchó mi declaración de principio a fin y acto seguido me recomendó que fuera al médico.
Yo lo miré con cara de póker. Miré alrededor. "¿Y no es donde estoy?", le pregunté.
"No", me respondió. "Usté está en las oficinas centrales de AOK, su caja de salud". El pobre hombre no daba crédito. "¿Nunca ha ido usted al médico?"
"Pues miusté, no"
Abrió un cajón y me largó un libreto gordo con el listado de los médicos incluidos en su cobertura. "Elija uno", me dijo.

Acabó sucediendo que mi médico de cabecera estaba en el local de al lado de mi portal. Lo de miccionar en un vasito de la fuente del agua y dejarlo después por indicación del facultativo expuesto en la recepción, es otra historia que, en principio, les ahorro. Con lo que quiero que se queden es que así descubrí yo que, allá en las europas,
1.- no necesariamente existen los ambulatorios,
2.- el médico es un tío que tiene su chiringo montado un poco en plan confiansa, y
3.- las aseguradoras, como en España, trabajan con una serie de médicos.

(Luego ya conocí el sistema holandés y fue el despiporre, pero esta es también otra historia.)


El caso es que me quiero ir a Tailandia de vacaciones, ya ven. Y, como para el Vietnam, ando con la mosca detrás de la oreja con el tema de las vacunas. Pero ahora vivo en Suiza, y no en España. Algo en mi ser y en mi experiencia me dice que eso de ir al ambulatorio a que te pongan de antitétanos no va a funcionar igual. Así que hoy me he armado de valor, he agarrado tooooooodos los papeles de mi aseguradora, y tras no entender absolutamente nada ,he decidido llamar por teléfono.

-Assura, digamusté.
-Pues verausté, que es que me quiero ir de vacaciones a Tailandia y no sé qué tengo qué hacer pa vacunarme.
-¿Y de qué se quiere usté vacunar?
-Pues no sé, de lo recomendado y tal: tétanos, fiebre amarilla, cosa de esa de por si te muerde un mono...
-Espere que confirmo
(Música de epopeya griega)
-¿Oigaí?
-Oigo
-Mire, que es que ya he confirmado. Tiene usted una franquicia de 2500 francos.
-Si, sí, lo sé. Ya sé que mientras no pague esa cantidad al año de mi propio bolsillo, ustedes no me empiezan a devolver nada. La cosa es que les llamaba yo a ustedes porque no sé qué tengo que hacer para que me pongan las vacunas en sí.
-...
-...
-Hombre, pues yo le diría que fuera al médico.
-Ya, es que verá, es que no he estado nunca enferma en Suiza, y no sé cómo se va al médico.
-...
-...
-...
-¿Tiene usted un listado de médicos de, pongamos, Basilea? Es que he mirado en su web pero no he encontrado nada.
-Hmmm... no. Pero lo puede buscar usted.
-Ah, ¿y podría decirme cómo buscarlo?
-¿Tiene usted guía de teléfonos?
-No
-¿Tiene usted internet?
-Sí
-Entre en google...
-Sí
-...y ponga "médicos Basilea".
-.
-...
-Ya. Pero, ¿entiendo que entonces voy al que yo quiera, no al que trabaje con ustedes?
-Nosotros no trabajamos con ninguno en especial. Usted puede ir al médico que quiera.

Ahora todo cuadra. Si total, no voy a ver un puto duro de los 100 francos por visita que me cobre el médico, más las vacunas, más etc etc, hasta que haya pagado 2500 francazos al año amén de los 360 francos al mes que tengo que pagarles por imperativo gubernamental a cambio de nada, cómo coño no voy a poder ir al médico que me salga de las pelotas.

Como si de una pitonisa se tratare, la tía me lee el pensamiento. "He de advertirle de que las vacunas profilácticas por viajes no se encuentran incluidas dentro de los epígrafes reembolsables".

Le agradezco la información, me excuso por mi garrulez bajo el motto "es que verá usté yo vengo de un país donde las cosas funcioann distinto" y cuelgo, pensando en el cachondeo que se tiene que estar trayendo con sus compañeros en este momento.


sábado, 14 de julio de 2012

Kim Jong-un, tras los pasos de Sarkozy

Si hay algo en donde se aprecia de manera irrefutable el regreso del Partido Popular al gobierno, no es en la soberbia creciente de ministros y portavoces, ni en el ninguneo sistemático del popolo personificado en diputados y prensa, ni en la mentira compulsiva y lozana del donde dije digo, digo diego, si es que algo digo. No. Si hay algo en donde se aprecia de manera irrefutable el regreso del Partido Popular al gobierno es en la repentina reposición de Ana y los Siete con la que Televisión Española Internacional pretende ahora someterme todos los días a la hora de la cena. Pero por ahí sí que no paso.

Así que me he ido a hacer turismo televisivo, que es algo que quizá debiera hacer más a menudo.
Los mineros llegando a Madrid en la tele suiza.
La Verbena de la Paloma en forma de antidisturbios en la Puerta del Sol, en la tele alemana.
Ji ji, observo por cierto que en la tele alemana Mariano se llama "Jajoi". Claro que nosotros tampoco se lo ponemos fácil. A Aznar no había dios que lo pronunciara. Luego les pusimos a uno lleno de vocales, que es algo que por aquí se complica mucho. Y ahora nos marcamos a otro con rrrr doble y diptongo fonético. Somos unos hijosdeputa.
Esto me recuerda a cuando salió Schröder. Los primeros días en los telediarios españoles eran una juerga. Esrroeder. Esréder. Schréder. Pa mí que Pepa Bueno todavía agradece al cielo diariamente que saliera la Merkel.

Es la suerte (y la cruz) de ser democráticos. Porque para mal o para bien, sabes que te va a durar 4-5 años el pronunciamiento y la pronunciación. Porque si no, pues qué quieres que te diga. Te puede tocar una dictadura sencilla (todo el mundo sabe decir "Fidel"). Pero te puede tocar Gurbanguly Berdimuhamedoy y agárrate a la silla, necesitas los doce minutos que dura el telediario antes de los deportes pa poder leer todas las sílabas. Menos mal que, en nuestros telenoticias, de Turkmenistán se ocupan poco.

Y hablando de dictadores: ando muy interesada últimamente en Corea del Norte. Desde que he sabido que en caso de guerra nuclear sólo sobreviviremos su cúpula militar, las cucarachas y los siete millones de habitantes de Suiza, ando ojeando el catálogo pa ver si pudiere elegir con quién reproducirme. Y así en mis investigaciones he descubierto que Corea del Norte ya no es lo que era. Desde que las palmó el padre para dar paso al hijo, se está abriendo camino el espíritu santo. Ahora a las mujeres se les permite llevar pantalón corto, se ha abierto la primera hamburguesería en suelo norcoreano, y a la churri del neodirigente (sí, ese gordito con cara de haberse llevado todos los capones de su instituto de haber estudiado en Connecticut y no en Suiza, a la sazón), decía, a la churri del neodirigente la pasean en público. La churri, por cierto, es divorciada y salía en la tele (¡como la nuestra!). Al parecer, era la cantante de un grupo de música electrónica. "¿Música electrónica en Corea del Norte?!", me dije, "¡esto sí que es el acabose!". Así que tuve que investigar más a fondo. No ha sido fácil. Pero al final he llegado a la información deseada. El grupo en cuestión se llama "Pochonbo Electronic Music Band" y esto es lo que se entiende por música electrónica en Norcorea:



Observese que los títulos de las canciones son "en inglés" (no así la letra). También he descubierto, por cierto, lo que debe de ser el "Paquito el Chocolatero" norcoreano interpretado por este grupo, pero me parece mucho exceso junto para el día de hoy.

En fin, que aquí se lo dejo. Qué quieren que les diga: entre el campo de reeducación protagonizado por Ana Obregón, y el protagonizado por esta muchacha y su fábrica nacional de telas, yo me quedo con estos.

viernes, 22 de junio de 2012

Integraos

Amigos,

Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación que os debo, os la voy a pagar. Me direis que estais hasta los güevos de crónicas helvéticas, y que a qué vengo con más historias de vacas suizas. Que si es que tengo una crisis creativa, o si se me ha ido el negro que me escribía los textos.
Pues no.
Sepan ustedes que la insistencia sobre el particular se debe únicamente a mi inherente altruismo.
Yo, que soy persona versada en el conocimiento del mundo, no puedo sino abrir las compuertas del saber a fin de ilustraros a vosotros, pequeños aldeanos que no habréis salido de vuestro Barbate natal, sobre lo que en Centroeuropa se estila, a fin de que cuando emigreis (que estareis a punto, sospecho, segun las informaciones que voy recibiendo de los nodos) no tengais problemas para integraros. Os dejo pues unas cuantas indicaciones básicas del buen hacer europeo, para que vayais ensayando. So catetos.

1.- Los mocos son buenos. Los paluegos, también.
Y compartirlos, más. No os extrañéis por tanto si, en una reunión en la oficina o en una comida o cena de trabajo, vuestro interlocutor inicia una exploración nasal mientras proclama las ventajas de migrar a Google o repasa sus recuerdos de cuando estudió el master en Harvard. Esto se hace extensible a la hurgatoria interdental, con o sin palillo. En Europa la naturalidad impera y a los más estrictos de vosotros, que en el fondo sois unos reprimidos, os recomiendo que practiqueis la más absoluta cara aséptica de la que seais capaces para cuando os veais en la situación.
A los más deseosos de integración os recomiendo empero que acompañéis con vuestros propios dientes y/o fosa nasal, alternando.  

2.- "Del dinero no se habla: se tiene o no se tiene"
Este famoso dicho suizo ilustra por qué aquí resulta igual de normal ver a la gente descalza por el asfalto de la calle como ver a la gente conducir un Aston Martin. Probablemente, de hecho, a la misma gente.
Para integraros, os recomiendo que empeceis por la primera parte. La del Aston Martin suele ir incluida en la sección "no se tiene", al menos al principio de mudaros.

3.- Dinero es dinero
No hay nada que evidencie más nuestra condición de africanos que ir a a comprar un chicle, observar que solo llevamos billetes de 50 francos (40 euros), y pedirle disculpas a la dependienta al pagar.
La situación se hace insostenible. La dependienta os mirará sin comprender nada, se preguntará el por qué de las disculpas, entrará en bucle y su cabeza reventará salpicandolo todo como la de un replicante cualquiera.
El dinero es dinero. Se usa para comprar cosas. La gente lo recibe a cambio de esas cosas. Y no se entiende por qué se disculpa uno por esta transacción.
Aprendida la lección, el otro día pagué un billete de tranvía con un billete de 100 francos. No hay que dejar la puerta abierta a la duda.

4.- El parqué ajeno no se jode.
Esta lección muy importante, ya que puede significar vuestro éxito rotundo en los círculos sociales o, por el contrario, vuestra marginación expresa e irrevocable.
Cuando vayais a una casa ajena, se espera de vosotros que os quiteis los zapatos. Así pues, cuando alguien venga a vuestra casa, se espera de vosotros que espereis lo mismo. Y da igual que hagais notar lo contrario, porque ellos lógicamente saben que lo hacéis por ser amables. Y jamás cometerían la afrenta de pasearse por vuestro parqué con los zapatos puestos.
Ahora bien: qué ocurre cuando una visita se encuentra en la encrucijada y engullida por la duda. Por ejemplo: sabe que se debe quitar los zapatos, pero es verano, hace calor, y tiene los pies empapaícos. Esto presenta una vicisitud, porque la visita sabe que el sudor también jode el parqué, además de las fosas nasales. Pero pisar con zapatos... eso nunca. Nunca.
Bien. ¿Cómo subsanarlo en Centroeuropa? La solución es sencilla: en estos casos, la visita os pedirá que le presteis unos calcetines para poder andar cómodamente por la casa sin que por vuestra parte hayais de sufrir daño alguno en el parqué o en la pituitaria.
Observad que no es especialmente necesario que exista una fraternal confianza cimentada en los años de juventud entre las dos partes, así que sentíos libres de obrar de tal forma cada vez que tengais, en hogar ajeno, los pies hechos un putoasco. Eso sí: al marcharos, entregad en mano (en mano, esto es importante) los calcetines del triunfo.

Y en fin, yo creo que esto es suficiente de momento para que vayais practicando vuestra incursión en países desarrollados.  

jueves, 7 de junio de 2012

Landeskunde der Schweiz: Historia de una escalera (suiza)

Estimados selenitas:

Vuelvo a dirigirme a vosotros en este fluir constante de verborrea que me caracteriza desde que a los 3 años de edad me diera por imitar a Fraga, según testimonio materno.

En esta ocasión, procedo a amenizaros la estancia en el tremolínico espacio con una nueva experiencia helvética, de cara a que cuando seais viejunos y os pasaeis las tardes en los bancos de los parques, podais contarla como si fuera propia y granjearos con ello algo de atención y un par de amistades. Quién sabe si el afecto de alguna quinceañera de buen ver. Bueno, arrío la imaginación, que me vengo arriba.  

A lo que iba: que hoy voy a hablaros de lavadoras.

Una lavadora es una aparato que se carateriza por ser blanco o gris, eléctrico, y comunal, en el caso de Suiza. ¿Qué significa esto? Significa que aquí en la Tierra Media las lavadoras habitan en los sótanos de los inmuebles, en grupos de 1, 3 o 5 según el tamaño del mismo, y con el fin último de que todos los vecinos tengan acceso a ella según un estructurado planning mensual. Como en Suiza está to pensao, junto al planning suele descansar un bolígrafo y/o lapicero, para que el usuario goce de la cómoda posibilidad de poder apuntarse en el slot o huequito conveniente in situ, sin tener que joder subir al quinto a por el boli volver a bajar al sótano mierda me he dejado la llave.

¿Cómo funciona el tema?
El asunto es muy sencillo:
1.- Primeramente se acumulan bragas, calzoncillos, trapos de cocina y sábanas hasta que el cuerpo aguante.
2.- Cuando el odor resulta inviable, uno baja al sótano o Waschküche ("cocina de lavado", como se llama por estos lares).
3.- Agarra el bolígrafo antes citado y el planning (suelen estar unidos por una cuerda, como en los bancos, pero en cutre) y se apunta en un hueco que vea libre y le resulte conveniente.
4.- Los huecos suelen estar establecidos en tres por día: Morgen, Nachmittag y Abend (mañana, tarde y noche respectivamente), siendo esto en cómputo total de 8:00 a 22:00 horas.

Yo siempre me había preguntado qué pasa si lo usas después de las 22:00, arrancandote por un born to be wiiiilde y desafiando así las más intrínsecas normas de la convivencia del Estado (añado que la regulación del uso de las Waschküche está especificada en los contratos cantonales, como el famoso asunto del ruido y de tirar de la cadena a partir de ciertas horas). Pues bien, un día tuve ocasión de descubrirlo: pasa que la manera de asegurarse de que la gentuza como yo no proceda de tal forma es simple y llanamente cortando la electricidad en la Waschküche a partir de las 22:00. Esto es: no pude ni abrir la puerta de la lavadora, y allí se quedó tol aquelarre hasta las 8:00 del día siguiente. 

Enf in, que todo esto es muy interesante pero no merecedor de una tremolina, estoy de acuerdo con ustedes. Pero la enjundia viene ahora. Porque sucede que la disposición de la lavadora, del planning y de mí misma ha desembocado en conflicto diplomático hispanoitalorruso.

Todo empezó el día en que, viendo un huequito libre un viernes por la mañana en que yo iba a estar en casa, me dio por apuntarme en la lavadora n° 2 de mi edificio. Pongamos que me apunté el lunes. Cuál sería mi sorpresa cuando bajo en el momento preciso y me encuentro con mi nombre tachado y el nombre de mi vecina de enfrente puesto en mi lugar: Stamenov. !!!!!!.
Momentos de grave duda y contingencia. ¿Seré yo, señor, seré yo? ¿Se me estará yendo la cabeza? ¿Será que me apunté y luego me borré? Porque obviamente no puede ser que la rusa me haya tachado. Esto es Suiza. Esas cosas no pasan. Pero qué coño, yo no tacho así, con tanta inquina. ¡Qué coño, me ha tachado la rusa! ¡Se va a enterar!

Agarro la escalera to parriba, escenificando el momento en que ella abre la puerta y yo le suelto cuatro verdades. La furia me supura por el tímpano al pasar por el primero. Se va a enterar, se va a enterar. Entre el primero y el segundo, mi ansiaviva se percata de que son rusos. Al rebasar el segundo ya tengo cierto respeto por la situación. Al acometer el tercero he decidido volver a casa con el rabo entre las piernas y conformarme con un "como vuelva a pasar, la armo". Pero, por si acaso, no me he vuelto a apuntar un viernes por la mañana (en que, he observado, siempre está apuntada ella).

De esto hace ya dos meses y casi casi había conseguido superarlo cuando ayer bajo con mi cesta de ropa y me encuentro mi nombre de nuevo tachado, esta vez por un tal "Moriarti" o "Mahandi".
Esto es demasiado. Y además, ni los italianos ni los magrebíes me imponen tanto como para jugarme la lavadora (consecuencias de haberme criado en plena Guerra Fría). Ni las posibles reminiscencias a Sherlock Holmes hacen mella. Se van a enterar. Agarro el ascensor (por si acaso). Voy planta por planta mirando los timbres. Localizo a "Moriadei" en el cuarto. Llamo. Me abre una señora de unos 90 años que intenta comunicarse pero apenas vocaliza. Lo llevo crudo.
En esto que emerge entre bambalinas una que resulta ser gallega y que me dice que ninguna de ellas habla alemán. Se pone a ejercer de intérprete. Ella me habla a mí en italiano pensando que me está hablando en español. La situación no deja de ser un monthy python.
Ya por fin me dice que es que la doña siempre lava los miércoles por la mañana que es cuando viene ella a limpiar, pero que ya ha acabado, así que baja conmigo a por la ropa y to pa mí. Entre tanto me cuenta que lleva 24 años en Suiza y 11 años al servicio de la italiana. Y yo me digo que hay que esforzarse mucho para conseguir llevar 24 años viviendo en un país y decir "no hablo alemán" al escuchar el primer "hola".

Y en fin, pues nada, muchachos, que bajé, puse las 5 lavadoras y se acabó. Eso es todo. Pero mis prejuicios sobre Suiza, como saben, no dejan de venirse abajo. Porque especifico que hay 2 lavadoras 2. Y en lugar de ponerse en la otra, directamente te quitan de enmedio. Eso no lo haríamos ni nosotros, joder.
(Estoy pensando que nosotros probablemente lo que haríamos sería robar la lavadora)

sábado, 12 de mayo de 2012

De por qué los alemanes son el motor de Europa, y los españoles no

Queridos súbditos en busca de la alineación de los chakras,

Hace ya muchos meses que venimos escuchando que Alemania es el motor de Europa y que nuestros políticos y los del resto de los países sudacas mentan a Alemania como referente económico y estructural. Los no políticos también tendemos a maravillarnos ante la facilidad de eso que denominamos "esa gente" para organizarse en un sistema social que parece envidiable, y aquellos amantes de la Historia no pueden sino maravillarse ante la capacidad de ese país para renacer de sus cenizas cada vez que, por ejemplo, acometen una guerra mundial de la que salen mu malparaditos, o se ven acosados por un coco de patas verdes llamado crisis económica mundial.

Es posible que algunos de ustedes se pregunten qué tendrá él que no tenga yo. ¿Será la falta de sol aplatanante, que activa las neuronas? ¿Será un idioma inviable que garantiza que aquel al que se dirigen en él desde el nacimiento es asimismo capaz de idear el zeppelin o el comunismo?
No, petits saltamontes, no. Son muchas las horas que esta filogermánica que es La Tremolina ha dedicado a analizar el fenómeno, tratando de hallar una respuesta plausible. Y la ha encontrado. Y la ha cotejado con su extrarradio centroeuropeo. Y puede ahora sin miedo a refutabilidad alguna afirmar que esta teoría evolutiva que está a punto de desplegar ante sus ojos es no solo cierta sino además verídica:

La diferencia entre por qué los alemanes son el motor de Europa y los españoles no, radica en Barrio Sésamo.

Observen los diferentese estímulos con los que se han criado los hijos de ambas patrias. Comprendan el abismo educativo que nos separa desde la infancia:

Cabecera de Barrio Sésamo en Alemania (traducción debajo):



Der,die,das
wer,wie,was
wieso, weshalb, warum
Wer nicht fragt bleibt dumm.
Tausend tolle Sachen, die gibt es überall zu sehen.
Manchmal muss man fragen um sie zu verstehen.

El, la, lo
quién, cómo, qué
por qué, por qué, por qué*
El que no pregunta, se queda tonto.
En todas partes hay miles de cosas guays que ver
A veces hay que preguntar para comprenderlas.

*sí, hay múltiples formas de preguntar "por qué" en alemán.


Y ahora, cabecera de Barrio Sésamo en España:




Y creo que con esto queda todo dicho.


Atentamente,
La Tremolina.

lunes, 30 de abril de 2012

Rogelia Segunda

Rogelia es pequeña, oxidada, dura; tan dura por fuera, que se diría toda de hierro macizo, que no lleva amortiguadores. Sólo los cristales rotos de su reflector son suaves cual dos escarabajos peloteros. La dejo suelta, y se va a la acera, y acaricia tibiamente con su rueda, empotrándose apenas, el bordillo gris, enorme, de granito... La llamo dulcemente: ¿Rogelia? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué chirriar ideal...

Con estas reminiscencias juanramonjimenianas comenzaba el email que os hice llegar a muchos de vosotros cuando allá por 2006 y habitando en La Haya me agencié a Rogelia, la primera bicicleta en la que moi depositaba el trasero superados los 6 años de edad. Comprendan que en Holanda, si no tienes bicicleta, eres un don nadie.

En Suiza no es para tanto, pero también se agradece. Y yo, enamorada como estaba y estoy de la omafiets holandesa, que es un velocípedo con freno retropedal y erguida postura de manejo, no podía pensar en otra cosa desde que me vine a Helvetia que en agenciarme a Rogelia Segunda.

Vicisitud: a Rogelia Segunda solo la mercadean en Holanda. Y cuando digo en Holanda, quiero decir en Holanda: los neerlandeses no están dispuestos a enviartela previo pago por interné más allá de sus fronteras. Ya me lo advirtieron mis compañeros de laboro cuando, por mi inminente abandono de la filial española, me regalaron un vale por una omafiets a modo de presente de despedida. "No hay forma de conseguir que la envíen por DHL, correo ordinario o a piezas: hay que conseguirse una mula". Y era cierto.
Así que yo, individuo emprendedor que no teme a los elementos, aproveché la Semana Santa y, blandiendo mi vale por, puse rumbo a Schiphol con el único propósito de traer conmigo a Rogelia Segunda y jurarle amor eterno a las orillas del Rin.

Amanecí en casa de Jesús I el Acostumbrado a las 8:46 am. A las 8:47 ya me había quitado el pijama y a las 9:12 ya me encontraba frente a la puerta cual perrete miccionante que espera que le abran la ídem para dar satisfacción a sus necesidades. A las 9:59 era la viva iamgen de la señora de las rebajas que sale en todos los telediarios del 7 de enero, pero tatuada en la puerta de Halfords en lugar de la de El Corte Inglés. A las 10:02 Rogelia Segunda y yo ya habíamos sellado un vínculo de sangre. A las 10:06 ya le había comprado todos sus complementos. "Puede usté venir a recogerla a las 16:00, que se la preparamos para el viaje". A las 16:00 me encontré a R2 (hay que economizar bites) inserta en una caja cerrada a cal y canto tó lo larga y alta que era.

Consciente de las limitaciones físicas que impone mi constitución y mujer previsora donde las haiga, yo no había acudido sola a la llamada ciclista. Yo había engañuflado a un pobre ser humano con falsas promesas de exóticos canales y bucólicos molinos para que me acompañara a Flandes. Un pobre ser humano que ahora se las veía para transportar la "cómoda cajita en la que te preparan la bici para que te la lleves a tó confort". Un pobre ser humano que ahora pagaba los excesos de una inocencia no reprimida con el paso de los años.

-Yo pa mí que igual no puedo llevarla hasta la casa de Jesús, ¿eh?... 
-Pero hombre, si son dos pasos.
-Ya. Yo... no sé... Igual si tiras tú un poco de la parte de delante...
-[Qué nenaza]. Bueno, venga, ya tiro yo un poco. [Hostiascruz lo que pesa esto]. Que digo yo que... es que como tengo que tirar así del revés me tira el tendón y no puedo.
-Ya. Pues... nos va a hacer falta algo con ruedas pa apoyarlo, igual.
-¿Algo con ruedas?
-Sí. O si no, sacamos la bici y la llevamos rodando, la caja aparte.
-[¡Qué dice este insensato! ¡Mancillar los neumáticos de esta manera! ¡Y la hermosa caja donde ha sido depositada con todo el miramiento!] Ya... Bueno... Voy a buscar algo con ruedas, ahora vuelvo.

En una juguetería me hago con "el monopatín más barato que tengan". Lo situo entre la caja y el adoquinado de la calle de las tiendas, calle en la que, me temo, ya nos hemos hecho famosos. Todo va sobre ruedas (¡qué ocurrente soy!) con la clarividente idea. Hasta que descubrimos que la caja se está abriendo por debajo por acción y efecto del monopatín. Mecagüenlalechemerche.

El ser humano y yo empezamos a dsicutir sobre los principios de la física básica y acabamos sacando la bici de la caja. Mientras yo la dirijo como puedo a falta de manillar y teniendo varias bolsas colgando de mi ser tras 6 horas pululando por la calle de las tiendas, el ser humano trata de que el efecto vela producido por la peazocaja al hombro y el perenne viento del norte no pueda más que él y efectivamente lo lleve derechito al canal, viento en popa, como promete.

Alcanzamos por fin la casa de Jesús I. Arregalmos los desperfectos de la caja. Volvemos a situar a Rogelia cómodamente dentro. Volvemos al aeropuerto cuando llega el momento de partir. Me despido con un "hasta luego" de Rogelia mientras veo cómo se la traga la cinta transportadora como si del féretro del abuelo se tratare. Aterrizamos en el aeropuerto de destino. Espero en la sección "equipajes especiales" a mi bici. Mi bici aparece con la caja abierta de par en par, dada la vuelta, y con el manillar atravesado. El horror se aparece en mi cara ante el hecho probado de su violación. La saco, la acaricio, le sobo el lomo, compruebo que no le han producido traumatismos, y le prometo poniendo a dios por testigo que este ultraje no ha de quedar así. Ya vendrán los culpables a la boda de mi hija, ya.

Mi aventura internacional con Rogelia Segunda está a punto de terminar en cuanto averigüe si cabe en el autobús. De lo contrario, me hará falta un plan B que dé respuesta a cómo sofocar los diversos kilómetros que me separan de mi hogar con una bici sin manillar ni pedales insertos, y una maleta llena de bulbos de tulipán. Entre tanto, me acerco a las aduanas. Decido que es el momento de acometerlas por el pasillo "algo que declarar", no vaya a ser que*. El agente, que ve a un ser humano accediendo motu proprio a un lugar al que se accede principalmente con el fin único de apoquinar, no cabe en sí de gozo. Me mira la caja. Me pide los papeles de la adquisición. Es todo sonrisa. Me habla en gabacho. Le contesto en alemán. No le importa, ¡¡¡he entrado a pagar!!! Observo que no controla a ver si además de la bicicleta, llevo en la maleta siete kilos de hachís o semejantes. Por no revisar, ni siquiera mira que eso efectivamebnte sea una bicicleta, y no setenta kilos más pa completar los otros siete de antes. Pago los impuestos suizos. Me piro. Me despide ondeando un pañuelo elíptico en forma de vuelva cuando quiera.

Soy una tía con suerte, porque la bici cabe en el autobús. Lo comprueba el pobre ser humano, que sigue ejerciendo de Hulk cada vez que hay que moverla. El conductor no nos dice nada. A este se la traen al pairo mi caja de bicicleta o mis setenta kilos de hachís. Llegamos al hogar. Al día siguiente, consigo con asesoramiento aborígen montar el manillar. Desde entonces, Rogelia Segunda y yo trotamos cuesta arriba, cuesta abajo -creo a la sazón que no valoré del todo bien este matiz diferencial con La Haya-, Rin arriba y Rin abajo, Ikea arriba e Ikea abajo, por los variopintos paisajes de la ciudad que habito. 


Rogelia Segunda, imponente, en el parking de bicicletas del trabajo.
Es la más grande y vistosa entre sus compañeras


*Este asterisco hace referencia a una crónica que espero narrarles en un futuro cercano al respecto de mi reciente acceso al mundo del hampa, sección contrabando.   

lunes, 16 de abril de 2012

5 propuestas para salir de la crisis (o mejorar en unos eurillos)

1.- Que el abuelo y el nieto compartan habitación en uno de los dos hospitales
2.- Que el abuelo se traiga la carne del elefante de vuelta en vez del colmillo y la regale a Cáritas
3.- Que la mafia de los libros escolares vuelva a hacer posible utilizarlos de un año para otro y que los hermanos los pasen a los primos
4.- Que el FMI compre acciones de la panadería caníbal de Brasil y ésta monte las empanadas con esos que son un riesgo para el FMI por vivir tanto
5.- Que un diputado deje de cobrar su suculenta renta vitaliacia en cuanto firme un contrato millonario de consultor, asociado o relaciones públicas sin más con cualquier empresa de postín

(Así, a bote pronto)

martes, 21 de febrero de 2012

En Laponia hace frío, pero yo me río

He escogido mal momento para emigrar de España, cagüenlaleche, merche. Amanezco cada día últimamente con las noticias internacionales devorándome en forma de nostalgia y envidia, ay, quién pudiera estar allí. Los españoles sí que saben divertirse. Es la vida social de mi querida España lo que se echa de menos cuando uno vive fuera. Ni la paella, ni el sol, ni la playa, ni el precio del whisky: lo que verdaderamente uno echa en falta cuando emigra es esa vida en la calle tan característica nuestra, ese interactuar tan de nobleza baturra con todo el que nos cruzamos (-¡hola!, -¡adiós!), ese gracejo nuestro tan inherente a nosotros. Y como desgraciadamente el "Spain is different" de Fraga se nos ha ido decolorando de a poquitos como se nos decoloró su orgulloso autor hasta quedarse pálido del todo, el Gobierno de la Comunidad Valenciana ha tenido que inaugurar una campaña de medios mucho más contundente y efectista, a fin de que al mundo le quede claro esa socialización a la que me refería más arriba.


(foto cortesía de Facebook)

Definitivamente, es una lástima que yo esté aquí. Porque a juzgar por la nueva terminología del poder, entre enemigos y el uso de la fuerza ante el ataque, con mi posgrado de Comunicación y Conflictos Armados, me auguro una meteórica carrera como redactora de discursos políticos caso de regresar al terruño.  

Claro que... es este un punto peligroso. Una navaja de doble filo. Porque, ¿y si vuelvo y acontece que pese a ser funcionaria me quedare en paro y, dado este perfil, me ofrecen un trabajo en el Congo que no puedo rechazar? ¿Tendría al menos chaleco antibalas como paquete de bienvenida?
Yo casi prefiero Laponia, si les digo la verdad, que una es valiente, pero no kamikaze. Además, en Laponia, como en las restantes zonas nórdicas esas que tanto nos gusta citar a algunos sectores de la sociedad, aparte del trabajo irrechazable sopena de extinción del paro para el que tan concienzudamente he ido cotizando, tendría la opción de que el Estado me diera un préstamo a un escasísimo interés para poder estudiar en la universidad y devolverselo posteriormente. O si en lugar de Finlandia fuera por ejemplo, digamos, Alemania, que en general nos gusta citarla a todos, tendría, además de la flexibilidad laboral que se me demandare, una política que defiende los 3 primeros años de mi maternidad con uñas y dientes, o el famoso Kindergeld, esto es, una asignación mensual a los hijos hasta que éstos trabajaren (no hasta que cumplen los 6 o 18 años de edad, no: hasta que éstos trabajaren ergo fueran independientes, creo recordar que hasta un máximo de 27 años de edad). 
Pero claro, son todas éstas cosas con las que el españolito no ha siquiera soñado jamás, por lo que ni se le ocurren. Claro que tampoco probablemente se le habrían ocurrido los pasacalles adelantados valencianos estos con los que nos deleita Rita, o la inauguaración oficial del contrato de tipo mepasoporloscojonesloquefirmes con el que nos deleita Valle Inclán el Gobierno . 

Qué quieren que les diga. Me tienen ustedes (una vez más he de decirlo) el país hecho unos zorros. Dejen de salir en las noticias, por dios. Que luego soy yo aquí la que tiene que dar la cara ante la Europa esa que le gusta mentar a cierto sector de la sociedad.  


 

[Aquí les dejo, por cierto, una captura de la portada de la prestigiosa revista alemana Der Spiegel, de hoy. Debajo de la noticia de apertura de los talibanes, la otra imagen dice: "Protestas en España: Brutal acción policial contra los estudiantes")]


miércoles, 25 de enero de 2012

Pon en tu móvil el politono Amiguito del Alma si quieres ser inmune a la justicia

Me encontraba yo procediendo a la ingesta a la helvética hora de la cena cuando, mientras TVE Internacional ofrecía al mundo ese sainete costumbrista que es Gente, al Canal 24 Horas le ha dado por espetarme en directo el fallo del jurado en el juicio de Camps. El fallo literal.

5 votos a favor versus 4 en contra. Justicia democrática. Definitivamente, los componentes del jurado deben de haber estado escuchando testimonios diferentes de los que el Telediario me ha estado poniendo a mí estos días. Porque tras la coletilla "no ha quedado demostrado", me han estado desfilando por el tímpano informáticos, dependientas, contables y varios a los que les daba otra impresión.

Qué quieren que les diga. Me tienen ustedes el país hecho unos zorros. Entre esto, lo del copago judicial (¿la Fiscalía también va a tener que apoquinar por recurrir, me pregunto?), y etc etc, qué quieren que les cuente: que mejor me quedo con los hijos de la Confederación, que por lo menos van de frente. ¿Que el director del Banco Central Suizo está casado con una señora que casualmente compra dólares por pálpitos predevaluantes? Poj claro. Y si ha habido tanto revuelo mediático ha sido porque ustedes los europeos son muy de lo políticamente correcto y la apariencia y tal. Resultado: el pobre hombre, destituido (o dimitido, que se dice ahora). Si no, ahí seguiría: sale mucho más barata la comisioncilla pa la doña, que poner a un tipo nuevo y tener a este que si dimito que si no. Y encima ahorras tiempo. En cambio ustedes, fíjense: tienen que montarse todo un juicio del copón (con lo caro que es eso, ¡y tal y como está Valencia!) pa que Camps vuelva a la política.